Columnistas 7 Febrero 2013, 07:22 AM
OPINION
Solo el PRD salva al PRD
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La crisis de la división, como bien podría llamarse, que en estos momento afecta a esa entidad política, aunque probablemente nunca vista en esa magnitud actual, es algo consuetudinario a lo interno de dicha organización, de cuyos embates violentos relativos, y efectos derivados, siempre ha logrado finalmente librarse, y sobreponerse después, por lo que a nadie debe sorprenderle que de nuevo pueda ocurrir lo mismo.

Claro, en las presentes circunstancias políticas en que vive el país, hay mucha gente apostando, por diversas razones, a que la situación actual de enfrentamientos grupales que allí se registra, dé al traste con la existencia misma de la organización. Obviamente, sin detenerse ninguno de ésos a pensar, de manera sosegada e imparcial, lo que una eventual desaparición de dicho partido podría significar ahora, para el cuestionado clima de democracia en que vive la nación dominicana.

Lo que ocurre en tal sentido es que, hay grandes apasionamientos, fanatismos, y conveniencias personales incidiendo en esos deseos, que no permiten percatarse, como tampoco prever ciertos riesgos probables envueltos, asociados con determinados asuntos internos de carácter político inherentes, que bien podrían complicarse de forma significativa, y hasta dar al traste con el poco estado de paz y sosiego en que se encuentra la nación hoy.

Eso hace además que, a veces, al que puede “ver algo más allá de curva”, como decía un connotado líder político nuestro, sentado en las gradas, y contrario a todos aquellos que sólo pueden hacerlo hasta la punta de su nariz, se le catalogue como perteneciente a ciertos sectores, o agrupaciones políticas, cuando en realidad no es así. 

Lo que sucede es que,  los que pueden disfrutar de independencia mental, enjuician las cosas reflexivamente, al margen de cualquier posición parcializada. Y, en el orden político propiamente, pensando siempre en favor del país, no en facción particular alguna; sino, regularmente en todas, con sus virtudes y defectos.

Ahora, por otro lado, aunque en mismo tenor de lo que se trata, debido a  ese hábito “guerrillero” ocasional, que con el tiempo se ha ido  convirtiendo en una fuerte costumbre más bien, a lo interno del PRD, se colige que, dado lo que anteriormente se ha vivido, en términos de las mediaciones externas, y las intercesiones directas en pos de solucionar conflictos acaecidos antes, ha quedado comprobado que tales alternativas sólo resuelven por el momento; y que luego, situaciones iguales de enfrentamientos personales de nuevo se originan, y ponen en peligro el quehacer rutinario, como la permanencia misma de la entidad como tal.

Con el PRD, viene ocurriendo igual que pasa con aquellas personas que desoyen consejos para enmendar ciertos comportamientos impropios que les afectan, las cuales, hasta no tomar la decisión de sentarse cómodamente en una mecedora, a revisar actitudes y formas de comportarse, autorevisarse por completo, nunca tienden a cambiar.  Son ellas mismas, cuando optan por hacerlo, las que ponderan corregir sus procederes inadecuados, y los posibles beneficios que se puedan derivar a partir de entonces.

Lo mismo deben hacer en estos momentos la principales figuras perredeístas, ya que nadie fuera de la entidad, va a hacer cambiar muchos procederes personales enraizados a lo interno de la misma.  Se tiene que estar dispuesto allí a deponer actitudes y apetencias individuales;  a pensar sólo en la reorganización del partido, y su salvaguarda oportuna, con la “reingeniería” requerida, en pos de poder regresar otra vez al poder, y de legar ese ícono histórico de la política nacional a las nuevas generaciones.

Por lo delicada que se ha tornado la situación de crisis que acontece dentro de esa mayoritaria institución política nacional, algunas personalidades y sectores influyentes de la República han estado abogando por la intermediación de la Iglesia Católica, con la participación de su cúpula dirigencial en el país, a los fines de buscar una solución consensuada al mayúsculo problema que hasta ahora enfrenta a esa clase partidarista, por entenderse que la gran entidad religiosa cuenta con la credibilidad suficiente para hacerlo, lo cual no necesariamente es así, por una serie de circunstancias que rodean la misma, incluso tintadas de determinadas preferencias políticas.

Además, sobre eso se debe decir que, aquí hay otras iglesias que profesan filosofías distintas, que en todo caso también deberían ser tomadas en consideración para tal propósito, ya que sus militantes por igual forman parte del gran conglomerado social nuestro, que de manera similar resulta afectado por las decisiones que emanan de los gobiernos que se gasta la República, capitaneados por los políticos del patio, pertenecientes a todos los partidos del ruedo nacional.

¡No poco, o nada se va a lograr con eso!, sean cuales sean las que participen para tratar de remediar el asunto. Se recogerán, si es que pueden hacerlo, los mismos frutos transitorios acostumbrados. Sólo por el momento. ¿Y después qué?, más de lo mismo se tendrá.

No obstante, y aunque así algunos lo prefieran y lo recomienden,  se debe reflexionar sobre que, las cuestiones concretamente políticas de la nación, no deben ser de la competencia de ninguna organización religiosa, ya que tales entidades deben supeditarse al cumplimiento de su rol esencial: guía espiritual, labores de orientación moral, como de servicios altruistas en favor de la sociedad en general.

“Zapatero a tus zapatos”, como reza una frase popular.  Los curas y pastores, en sus diferentes categorías, a predicar, orientar y edificar sobre Dios, desde los diversos púlpitos. Los políticos, por su parte, llámanse perredeístas, o como sea, a usar la inteligencia, el raciocinio humano, la capacidad pensante, para resolver sus conflictos internos y las desavenencias personales, disponiéndose a ocupar las sillas correspondientes en las mesas para diálogos; conversando sobre las situaciones desagradables y dañosas que puedan afectar de manera considerable a sus respectivas instituciones; analizando los posibles efectos gravosos  particulares inminentes;  y, por consiguiente, los desenlaces indebidos que puedan perjudicar  al  país en sentido general.

Autor: Rolando Fernández

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Por: Rolando Fernandez

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