Columnistas 4 Marzo 2013, 04:13 PM
OPINION
El Estado legislador ante la Barrick Gold
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La vehemente defensa que del interés Nacional hizo el Presidente Danilo Medina en su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, el pasado 27 de febrero, al referirse a la iniquidad del contrato de la Barrick Gold firmado por dos ex Presidentes de la República Dominicana, y ratificado por el Congreso Nacional, pone sobre el tapete la función del considerado Primer Poder del Estado; esto es, abre la pregunta de ¿si bajo el actual estado del Derecho Constitucional es necesario que permanezca operando una estructura tan obsoleta y anquilosada como lo es el Congreso Nacional? Así a la pregunta de ¿Para qué sirve el Congreso Nacional? Las dudas emergen pues lo que ha ocurrido con el caso Barrick Gold no deja bien parado a ese poder otrora considerado el más importante.

El Estado Legislador se estableció sobre el principio de que la ley era la pieza esencial sobre el que se levanta el Derecho Vigente bajo el Estado de Derecho moderno, esta apreciación convirtió al Congreso el centro de la actividad política. Así el régimen parlamentario hizo de los parlamentos no solo los instrumentos que deben elaborar las leyes sino los que deben designar y supervisar al Gobierno, esto es quien nombra y destituye los gabinetes gobernantes, a diferencia del sistema presidencialista, en el cual, las leyes son materias congresual y el gobierno es función del Poder Ejecutivo.

 Pero en el propio sistema presidencialista, el Congreso tiene la función de filtro, o mejor dicho,  de asamblea deliberativa, o de lugar donde deben ser discutidos los principales problemas del Estado-nación, a los fines de que el Ejecutivo no pueda incurrir en error. Así, se entiende que si el Presidente de la República yerra al firmar, por ejemplo, un tratado o un acuerdo internacional, este carece de validez hasta tanto no haya sido conocido, discutido y ratificado en el Congreso Nacional. Pero cuando un Congreso es capaz de aprobar un acuerdo sin siquiera leerlo, es obvio que no está desempeñando correctamente las funciones que justifican su existencia.

De manera que al Presidente Danilo Medina le faltó expresar la necesidad de cerrar el Congreso, o mejor dicho, lo que dijo el pasado 27 febrero, fue que el Congreso debe ser clausurado por inoperante.

Hace tiempo que ese órgano se ha convertido en sello gomigrafo del Poder Ejecutivo, aquella expresión de Montesquieu de que “el poder limite al poder”,  hace tiempo que desapareció entre nosotros si es que en algún momento existió; pues, como se sabe, son varias las ocasiones en que por diversa razones, se ha planteado el cierre del Congreso, o cuando menos, que lo práctico sería que funcionase bajo el sistema unicameral. Esto es que esté integrado solo por una cámara, pues esos órganos surgieron como expresión directa de la existencia de clases sociales concretas que siempre han buscado limitar al Poder Ejecutivo, pero cuando este no es el caso, es obvio que no se requiere de ese órgano. Es decir, la República Dominicana nunca ha conocido la diversidad clasista que otras sociedades han conformado históricamente.

El tema es que el Estado Legislador ha quedado superado porque, precisamente, cuando el derecho fue separado de la ética, de la moral, por el positivismo jurídico, la ley quedó a merced de legisladores inescrupulosos, por lo que se ha hecho necesario retornar a ciertos valores éticos que hacen disfuncional al Congreso pues percibido como una madeja de intereses contrapuestos, siempre se impone el poder del dinero, lo cual echa por tierra su objeto y lo hace innecesario.

Es que en la actualidad, si vamos a hacer caso a la teoría del Neo constitucionalismo, la ley ha dejado de ser importante, su lugar viene siendo ocupado por principios éticos y morales que no se avienen bien con las fuentes del derecho que puso en boga el positivismo jurídico. De suerte que el caso de la Barrick Gold no hace sino poner en evidencia práctica un punto sobre el cual los teóricos del derecho de la actualidad vienen insistiendo, esto es, en la obsolescencia del otrora Primer Poder del Estado.

Por otra parte, es obvio que el Derecho internacional, posee mejores herramientas que el Derecho Interno para solucionar problemas jurídicos complejos. Por tanto, sería cuestionable determinar si la propuesta del Presidente Danilo Medina de que si la Barrick Gold no se aviene a una renegociación, podría introducir modificaciones unilaterales por vía legislativa, que modificaren el contrato vigente con dicha empresa. Esto es, no es posible que una norma de derecho interna incida, de manera eficaz, sobre una pieza del Derecho internacional. En cambio, a la luz del Derecho Internacional existe una diversidad de instrumentos del Derecho de gentes, que si podrían ser eficaces. Máxime cuando lo que se alega es una iniquidad, de un lado y, del otro, un órgano del derecho interno que evidentemente no ha cumplido adecuadamente su rol de censor de los negocios públicos del Estado Nación, República Dominicana.

El Presidente Medina podría quedar como uno de los mayores demagogos con que cuenta el parnaso de la política criolla, si se  queda solo en palabras. A nuestro juicio, debe hacer uso de los escenarios internacionales donde se discuten temas multilaterales y binacionales para plantear sus consideraciones pues, por ejemplo, existen normas de protección de los recursos naturales renovables y no renovables de los pueblos en vía de desarrollo, cuando son sustraídos por empresas transnacionales y multinacionales con base a contratos inicuos, pero para hacer uso de estas vías, como bien especifica Peter Drucker, se hace necesario actuar en bloques, esto es, no puede el estado Nación, por si solo lograr resultados si no actúa en conjunto con otros estados a nivel regional y mundial que son objeto de los mismos estragos.

Esto pone sobre el tapete, el tema de la soberanía, pues evidentemente, es un principio que se derrumba de forma contradictoria. Esto es, al parecer, tiene todavía vigencia siempre que no se invoque el Derecho internacional. A su lado, aparece el fantasma del nacionalismo, pues aunque se le quiera restar actualidad, evidentemente, que tiene la capacidad de aunar fuerzas internas para actuar con mayor vigor y legitimidad en la arena del Derecho y de la política internacional. DLH-3-3-2013

Por: David La Hoz

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